La última bocanada: relato sobre la flexibilización laboral y la realidad en Chile

La última bocanada 
Suena la alarma, el reloj marca las 6:30 de la mañana y X debe levantarse para ir al trabajo. Vive en la Quilicura y, así como una buena parte de la población, pierde dos horas en el traslado y 1.400 pesos en el pasaje. Ya es costumbre: se levanta, ve las mismas fúnebres paredes de su casa -todavía sigue oscuro-, mientras toda su familia sigue durmiendo. Una gotera rítmica acompaña a X en su rutina matutina. Su sueldo, como el de la mitad de los trabajadores de Chile, apenas llega a los cuatrocientos mil pesos y este mes no le alcanzó para hacer el arreglo en el techo. Prende un cigarrillo, aspira el humo que lo calma unos segundos, sale de su casa y camina hacia el paradero. La micro llega a tiempo, por lo que X evitará el taco de la mañana. Pero no todo es tan grandioso: no le queda saldo en la Bip!, por lo que tiene que hacer evasión. Esto lo hace una de cada cuatro veces, porque para X el gasto es mucho. Por suerte no estaban fiscalizando. La micro se pone en marcha. Admirando el paso del tiempo, las mismas calles, las mismas esquinas, algo llamó su atención: al pasar por uno de los kioscos de  Avenida La Marcoleta, observa un diario que titula “Gobierno presenta nuevo proyecto de ley de flexibilización laboral”. Con extrañeza y sin entender realmente a qué se refería la oración, X sigue rumbo a su trabajo.
Llega, saluda, y manos a la obra. Debe terminar trabajo pendiente y entregar un nuevo proyecto para hoy. Piensa que nuevamente tendrá que quedarse un tiempo extra para poder terminarlo. No le molesta mucho, ya es algo habitual. Otras veces se ha llevado el trabajo pendiente para la casa para sentirse en un ambiente más familiar, pero no le parece la mejor opción. 

Sus ojos se cierran, se sirve un café para despertar, se queda un segundo mirando su rostro en el reflejo de la pantalla y recuerda que su hija hoy tenía una presentación artística en el liceo. Cómo desearía poder haber estado ahí.
Es hora de almorzar y X decide utilizar su tiempo en trámites pendientes, realizará una interconsulta en el consultorio. X posee depresión y debe atenderse en el sistema público. La siguiente cita se la agendaron para el próximo mes. Su psicóloga le dijo que su condición podría haberse manifestado gracias al estrés constante al que se enfrenta en el trabajo. Ella le dijo que, a nivel nacional, las licencias médicas por enfermedades mentales, entre 2013 y 2018, habían aumentado considerablemente. X no le dio muchas vueltas a esa afirmación, pero se quedó con un dejo de desagrado y pena al saber ese dato. 
Devuelta a la oficina, escucha a dos jóvenes discutir sobre las propuestas de del gobierno y la oposición, ¿Trabajar 40 o 41 horas?, sonaba una utopía, pero esa pequeña utopía le abría una gran esperanza.

Aquella propuesta pasó el resto del día en su cabeza, imaginaba llegar a su hogar y compartir con los suyos, escuchar algo de música y compartir la cena. Imagina que, con la flexibilidad, podría pedir una tarde libre del día miércoles, que es el dia en el que su hija y su pareja se liberan temprano, para así poder disfrutar más con su familia y tener una mejor calidad de vida familiar.

Al terminar la jornada laboral, se prepara para volver a su casa. Trabaja de 8:30 a 19:30, con una hora de colación y algunos recreos intermedios de descanso. No alcanzó a terminar el trabajo pendiente por lo que se queda un rato más, apurado y estresado por la carga que siente y sin dejar de pensar en un informe que había leído hace poco sobre que, cerca del 21% de los trabajadores chilenos reconocían trabajar por sobre las 45 horas semanales. Se da cuenta que él es uno de aquellos. 
En la hora extra que se quedó para terminar, piensa constantemente en lo agobiante que será la vuelta de hora y media. Al menos habrá pasado la hora del taco, pero eso no disminuye tanto lo que se demora en volver a su hogar. Algunos colegas se quedan hasta que el se va, terminando sus respectivos trabajos pendientes con solo caras de querer irse.

Cuando llega a su casa, todos ya están acostados. Su mujer le dejó un plato de fideos en la mesa; esto ya había ocurrido varias veces. Recuerda la última vez que cenaron juntos como familia: fue hace 3 semanas, gracias a que le pidió a su jefe salir un poco antes. X prende un cigarrillo y la televisión, y se encuentra con la propuesta de flexibilización nuevamente ante sus ojos. Observa cómo los poderosos discuten propuestas para la gente vulnerable, como él. X se frustra, decide cambiar el canal y se encuentra con un programa que analiza la situación. El presentador comenta que “en países como Francia y Alemania se trabajan 36 horas y la población produce mucho más…”  ¿En qué estamos fallando como país? X expulsa la última bocanada  y se va a dormir. Son las 12:30 y mañana debe volver a laborar.



Las informaciones explícitas y certeras, ya sean de porcentajes o números, las encontramos en los siguientes enlaces:
https://www.cnnchile.com/economia/ine-la-mitad-de-los-trabajadores-en-chile-recibe-un-sueldo-igual-o-inferior-a-400-000-al-mes_20190813/ 
https://ciperchile.cl/2019/08/29/reduccion-de-la-jornada-laboral-y-salud-mental-en-chile/ 
https://ciperchile.cl/2019/08/29/reduccion-de-la-jornada-laboral-y-salud-mental-en-chile/ 
http://www.fiscalizacion.cl/wp-content/uploads/2016/10/Indice-Evasion-Abr-Jun19.pdf
https://www.cnnchile.com/pais/hasta-dos-horas-demoran-los-santiaguinos-en-llegar-al-trabajo-en-hora-punta_20190508/

Comentarios

  1. El gran problema que tuvo el grupo es que no hicieron algo clave que yo les comenté: prioricen contenido. Se los sigo porque sin duda este era una de los mejores trabajos. Sin duda por la manera en que los datos fueron mezclándose con el relato. Sin duda, con el tiempo, sus habilidades de redacción irán mejorando y podrán sacarle punta a este tipo de temas. Yo habría "abierto" el blog con este relato.

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