Los gajes del oficio ambulante
Desde antes del comienzo del mundo moderno, la venta
callejera ha constituido una práctica habitual por parte de los individuos de
una sociedad como manera de ganarse la vida, una forma de sustentarse y llevar
el pan a casa todos los días. Miles son las personas y familias que han podido
surgir gracias a este tipo de trabajo que no requiere un gran capital ni
mayores trámites.
Hoy paseando por las calles de Santiago me doy cuenta que
esta costumbre se resiste a desaparecer. Abundan los vendedores callejeros:
madres y abuelas trabajadoras ofrecen pasteles, sandwiches, café y jugos por la
mañana, más tarde empanadas, fajitas y arepas entre otros comidas, la gama es
muy amplia y con la influencia gastronómica extranjera sigue diversificándose.
También están los jóvenes que venden artículos electrónicos o lo último de la
moda al alcance del bolsillo de cualquier chileno que prefiere esta opción para
satisfacer sus necesidades, pero cuidado, porque si eres sorprendido comprando
te multan. Para los vendedores es aún peor, además de multas, son afectados por
la fuerte represión policial, los golpean y les quitan sus cosas por ejercer un
empleo informal. Chile asegura en su constitución “La libertad de trabajo y el derecho a su
libre elección” y me pregunto: ¿Es
correcto que las personas sean castigadas de esta manera por trabajar de forma
independiente? En un país donde la tasa de desempleo aumentó en comparación con
el año anterior y la situación laboral es cada vez más difícil ¿Por qué
quitarle su forma de trabajar a las clases más desfavorecidas?
Santiago y Providencia han tomado duras medidas contra el
rubro. Algunos sostienen que la existencia de vendedores ambulantes supone una
“competencia desleal” para los negocios establecidos, pero el propio sistema
económico imperante de libre mercado se basa en la regulación de la oferta y
demanda con mínimas intervenciones del Estado. Entonces, si los puestos de
trabajos que ofrece la empresa privada no son suficientes, si el gobierno no brinda
y dificulta nuevas opciones de trabajo o incluso si alguien decide trabajar de
manera independiente y honrada ¿por qué impedirselo?
Chicas para ambos temas suyos aplica: se quedan cortos. No incorporan datos o fuentes. Si bien la idea parecía buena, me deja la sensación que se escribió para cumplir. En el caso de San Damián me quedaron tantas ganas de saber de esa casa, de esa historia, a qué se dedicaba, qué pasó después del café, que te contó. Igual con Oriana. No tengan miedo en explotar esas capacidades de relatar, contar, sentir, integrarse. De la incomodidad surgen a veces las cosas más maravillosas.
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