¿A qué costo?

Columna de opinión

Vivimos en una sociedad que se siente perseguida por el pasar del tiempo. Las personas están cada vez más inmersas en el estrés debido a las actividades que llevan diariamente, por lo que cualquier cosa que signifique un par de horas extras para descansar y salir de la rutina es vista con buenos ojos. En base a esto se crean aplicaciones que te complementan, las que disponen de personas que puedan realizar esas tareas por ti, facilitando la vida de quienes acceden a estos servicios. Sin embargo, con estos nuevos empleos se incurre a convertir a los trabajadores en máquinas, perdiendo así su sentido humanitario.

En nuestro artículo "Entre realidad y cifras: la arriesgada labor de los Rappitenderos", conocimos un poco la vida de José. Venezolano que trabaja como Rappitendero. 13 horas de trabajo. A veces intenso, a veces “flojo”.
Como José, existen muchas personas que trabajan en algo provisorio o algo que les ayude a subsidiar las deudas a fin de mes. Pero, ¿A qué costo?

Día a día vivimos acechados por el avance de la tecnología y cómo esta nos reemplazaría. Sin embargo, empresas, jefes y consumidores deshumanizan a los trabajadores, con tal descaro que asumen un rol, casi, de robot.
Anexando esta deshumanización con el tema de Rappi, podemos encontrar cosas bizarras que han pedido los clientes (por fortuna, no en Chile): pagar facturas, ir por llaves olvidadas, jugar play cuando falta un jugador, picar cebolla, e incluso, pasear abuelos. Algo que puede y debe realizar una persona en su vida. 

Sí, Rappi ofrece servicio de comercio electrónico, pero ¿el trabajador debe aceptar aquellas tareas por dinero, aunque no quiera? ¿Cuál es el límite a cumplir con tareas que no están previamente establecidas y de las que no existe contrato vinculante?
Como sociedad, debemos resguardar la dignidad de quienes acceden, no por gusto, si no por subsistir. A falta de un contrato (en el que debe estar expresamente señalado qué labores se deben realizar), los rappitenderos quedan en un vacío en el que deben atenerse a las demandas del cliente.  Debemos rechazar estas prácticas que se protegen bajo empresas que, no solo carecen de contrato, sino también precarizan la vida de sus empleados, negándoles sueldo fijo, seguro de salud, imposiciones, etc.

Los migrantes que ingresan a Chile sufren de una desventaja brutal. Exponiéndose a malos tratos y abusos. No podemos permitir que la aplicaciones desregularizadas se aprovechen de un fenómeno social tan desigual.

Urge en Chile una regulación legal para estos trabajos, antes de que lleguen a prestar servicios deshumanizantes que convierten en máquinas a trabajadores que deben sobrellevar la carga del día a día.

Ya no queremos más proyectos como “MiJefeEsUnaApp”,  “Contrato de los trabajadores repartidores” y “Sobre modernización laboral para la conciliación, familia e inclusión”. Exigimos un compromiso serio, que desemboque en una ley. Respeto y dignidad para los trabajadores de aplicaciones.

Comentarios

  1. Chicos en este tema, me confundí un poco, si el debate era sobre la necesidad de compañía, sobre las malas condiciones de trabajo, como que me quedaron varias ideas encima sin cerrarse o profundizar un poquito más. Independiente que creo que cumple para estar recién aprendiendo a explorar este tipo de relatos.

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